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Asesinos del éxito: Domina a tus peores enemigos profesionales

Asesinos del éxito: Domina a tus peores enemigos profesionales

20 de marzo de 2017
Asesinos del éxito: Domina a tus peores enemigos profesionales

Ante los retos, solemos creer que somos infalibles, que contamos con el conocimiento y experiencia suficientes para enfrentar los retos y que podemos salir victoriosos de las batallas de la vida cotidiana.

Al mismo tiempo, tenemos claro que, así como hay un enorme potencial, existen obstáculos por superar en la carrera hacia los logros y la mejora permanente. El verdadero problema surge cuando nos encontramos con los llamados asesinos del éxito, entre los que se encuentran algunos muy poderoso.

Aprender a reconocerlos y neutralizarlos podría estar más allá de los entrenamientos de inteligencia emocional (que sin duda son un gran principio para dominar estas fuerzas destructoras). En la mayoría de los casos vamos a necesitar de ayuda especializada para combatirnos y mantenerlos a raya.

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· Procrastinación: Se considera casi un pecado capital en el ambiente profesional, de negocios y laboral. Es bien sabido que quien deja para mañana las cosas, se convertirá en un acumulador de tareas sin resolver. Este es un asesino de éxitos posibles y, dicho sea de paso, de carreras que alguna vez fueron brillantes. Cualquier nueva tarea que llegue a tus manos es mejor analizarla, distinguir su grado de relevancia y urgencia y asumirla, realizarla o delegarla.

· Desenfoque: Vivimos abrumados por infinidad de tareas que se convierten en un torbellino de actividades que aceptamos, a veces, de forma indiscriminada. Es humanamente imposible resolver todo al mismo tiempo, con el mismo grado de efectividad y rapidez. Lograr desahogar la carga de trabajo demanda estructura, organización y la selección de acuerdo con ciertos criterios y jerarquías. En la medida que sobrepasamos el torbellino, aparece la claridad y el enfoque.

· Improvisación: Aplicada con cierto rigor y cuidado puede dar un toque de frescura al desempeño profesional y laboral. Sin embargo, la mejor manera de condenar un proyecto al fracaso es dejándolo en manos de la improvisación. Para contrarrestarla, hay que desarrollar la disciplina de la planeación en la que se determina oportunamente qué se hará, quién lo realizará, cómo deberá ejecutarlo, cuándo, dónde y echando mano de cuáles medios. Grandes líderes coinciden en que no hay nada mejor que la improvisación que brindan siete semanas de ensayo.

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· Temor al éxito: Hay personas que experimentan todo tipo de reacción adversas cuando se trata de exhibir el despliegue de sus capacidades. Las tienen probadas y demostradas, sin embargo, a la hora de ponerlas en práctica en contextos más amplios que el propio equipo de trabajo, llegan a vivir el temor al éxito con tal grado de intensidad que sienten pánico, paralización e imposibilidad para dar lo mejor de sí.

· Condescendencia: Este es otro de los asesinos naturales del éxito. Claro que todas las personas tenemos el deseo de ser más permisivos, indulgentes y afectuosos con nosotros mismos; pero es imposible lograr proyectos altamente satisfactorios con la ausencia de cierto grado de disciplina. Ser puntuales, cumplir con los compromisos, entregar cuentas de los resultados es tan importante como levantarse temprano, hacer ejercicio y llevar una vida sana. Entre más autocomplacientes somos, menores son las oportunidades para llegar a las metas establecidas.

· Soberbia: A nadie le gusta reconocer la presencia de este comportamiento en la vida profesional, pero está ahí a todas horas. Por un lado, en aquellas personas que se niegan a reconocer el talento, potencial y alto desempeño de los demás. Ellos impiden integrar equipos con gente igual o mayor en rango de calidad. Por otro lado, están los individuos que, queriendo encajar, echan mano de la falsa modestia, haciendo pensar que nadie está a su altura, pero que de forma constante destacan las mil y una formas en cómo ellos harían mejor las cosas, aunque no se atrevan a mover un dedo.

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Los enemigos profesionales están en la trinchera del desarrollo personal. Adquieren diversas manifestaciones ante las que se debe estar alerta. Puede ser que eventualmente aparezcan unas u otras en la escena laboral y en nuestras vidas personales. Si son una de esas áreas donde cojeamos, lo mejor es poner en práctica una intervención que nos ayude a dominarlas.