Revista CREANDO VALOR RH = AMEDIRH =

MARCO LEGAL La transformación de las Relaciones Laborales en México El T-MEC La simbiosis entre los Estados Unidos de Norteamérica y México los llevó a integrar junto con Canadá, en su momento, la región económica más importante del planeta, a través del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el cual entró en vigor el 1 de enero de 1994. Fue el gran debut para México para convertirse en el anfitrión de inversiones de Estados Unidos y Canadá y aprovechar todos los beneficios del tratado. Con ello, creció el empleo, pero no así el poder adquisitivo de los trabajadores mexicanos. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), de 1995 a 2016, el salario promedio de un mexicano creció 16.7%, el de un estadounidense 33.3% y el de un canadiense 38.5%. El TLCAN no tenía dentro de sus prioridades los aspec- tos laborales, pues seguramente los negociadores caye- ron en cuenta que las diferencias entre los países eran abismales, como para establecer “un piso parejo” entre ellos. Mejor, dejaban por escrito un catálogo de buenas intenciones en un documento paralelo llamado “Acuerdo de Cooperación Laboral entre Canadá, Estados Unidos y México”. Sin obligatoriedad, sin mecanismos efectivos para hacer cumplir los compromisos adoptados y sin la voluntad política de los países de darse un jalón de ore- jas por incumplimiento a sus respectivas legislaciones la- borales, el acuerdo paralelo quedó en el olvido. Sin embargo, el nuevo capítulo en la transformación de las relaciones laborales en México tendría en el TLCAN el antecedente más importante de un nuevo marco ju- rídico para la administración y gestión del talento en las empresas. En efecto, Estados Unidos llamó al TLCAN “el peor acuerdo en la historia” de ese país, y mucho tenía que ver el tema laboral. México fue arrastrado a una renegociación del tratado, adoptando una postura firme y decidida: tenemos que firmarlo, cueste lo que cueste. Y costó. Costó porque se recriminó a México haber incurrido en “dumping laboral” por sus bajos costos laborales, su política de control de los salarios, su laxo Estado de Derecho y una dinámica entre patrones y sindicatos donde los derechos del tra- bajador no se encontraban en los primeros lugares de importancia. Desde luego, existen contextos muy diferentes en un país tan grande como el nuestro. La realidad de las em- presas nacionales y extranjeras que consolidaron su ne- gocio en México a través de la oferta de trabajo digno y bien remunerado, y aquel de las empresas (de todo tipo, tamaño y nacionalidad) que optaron o no tuvieron más remedio que acogerse a un sistema permisivo en la vio- lación de derechos laborales y de seguridad social de los trabajadores. Es doloroso reconocer que la segunda es una circunstancia que domina el mercado laboral mexi- cano, alimentada por la corrupción de autoridades, pa- trones, sindicatos y empresas de subcontratación. Fueron muchos años de normalizar situaciones de simu- lación o de franco incumplimiento a la normatividad, lo que llevó a exigir, principalmente a México, que los as- pectos laborales de los tres países formaran parte del acuerdo comercial internacional. Nuestro país no tenía alternativa –y tampoco argumentos válidos– al condicio- namiento de un capítulo laboral, en el tratado interna- cional con nuestros socios comerciales más importantes. El nuevo Tratado entre los Estados Unidos Mexicanos, los Estados Unidos de América y Canadá (T-MEC) propondría un capítulo 23, donde los países firmantes se obligarían a adoptar y mantener en leyes y regulaciones, y en las prácticas que deriven de estas, los siguientes derechos: Libertad de asociación y el reconocimiento efectivo del derecho a la negociación colectiva. a) 32 Creando ValorRH | Enero - Febrero 2021

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