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¡Porque yo soy preso!

1 de junio de 2017
¡Porque yo soy preso!

¿Procrastina… qué?

En términos generales, se trata de un mal de nuestros tiempos que afecta prácticamente a todas las personas en algún momento de la vida. Algunos expertos aseguran de que puede estar asociado con las capacidades cognitivas para enfocar la atención. Otras corrientes señalan que más bien es una situación que se presenta en la vida cotidiana ante el torbellino de actividades que debemos realizar.

Es muy sencillo detectar la presencia de la procrastinación en nuestras vidas. Pensemos en un día habitual en la oficina, frente a la computadora, en el escritorio.

  • Enciendes el equipo.
  • Observas tus redes sociales.
  • Abres un archivo que debes revisar.
  • Vas por una taza de café.
  • Regresas a revisar el equipo y te distrae un e-mail y te sigues revisando otros 10 que hay en la bandeja de entrada.
  • Agobiado, vuelves a ver las redes sociales para oxigenarte con la información.
  • Vas al baño.
  • Vuelves a tu lugar a trabajar con aquel archivo y en eso, entra una llamada telefónica.
  • De nuevo revisas las redes sociales para ver si tus conocidos han publicado algo.
  • Intentas seguir trabajando y en eso, llega la hora del almuerzo.

¿Te suena familiar? Por supuesto y no es que seas una persona improductiva o que tus colaboradores, quienes también pueden ser víctimas de la procrastinación, sean incapaces de dejar de mirar su teléfono inteligente.

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Especialistas de diferentes ámbitos coinciden en que el mejor antídoto para la procrastinación es la disciplina. En enfoque en sí mismo no es el medio, sino uno de los objetivos. Es decir, que una persona disciplinada, logrará programar sus actividades de forma ordenada y jerárquica, destinando el tiempo necesario a cada operación. De ese modo, teniendo claridad en las metas, podrá enfocarse en obtener el resultado.

Parece fácil, aunque en realidad requiere algo más que buena voluntad, sobre todo, porque la concentración en la ejecución tiene diferentes enemigos ante los que fácilmente caemos presos.

  • El tráfico: La presión de llegar a la oficina ya nos pone en un estado de ansiedad que dificulta la concentración.
  • Urgencias: A menudo, cuando los clientes internos solicitan todo en modo urgente y las solicitudes se acumulan más y más.
  • El e-mail: Abres el correo y ya hay 20 mensajes por revisar. Vas a una junta y cuando regresas hay otros 20. Regresas de la comida y hay 40 más. Nunca se acaban.
  • Redes sociales: Las amamos, nos encantan, pero… ¡Cómo quitan el tiempo!
  • Agenda: La peor agenda del mundo es aquella en la que no hemos programado los compromisos.
  • Llamadas telefónicas: Sientes que debes atender todas y cada una de ellas.
  • Alimentación: Un desayuno o comida deficientes, produce alteración en la habilidad para concentrarse.
  • Los pendientes: Son los protagonistas de nuestras vidas. Siempre tenemos algo que se queda rezagado y si ya pasaron dos semanas y no se ha resuelto estamos en problemas.

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Y ahora, ¿quién podrá defenderme?
Si vives preso de la procrastinación, es momento de que hagas un verdadero examen de conciencia porque, para vencerla, se necesita de mucha disciplina. Apóyate en estos pasos sencillos y conviértelos en un ritual y un hábito. Te ayudarán mucho y dejarás de sentir esa interminable ansiedad que a todos enloquece.

  1. Programa: Graba en tu mente, corazón y alma que todo lo que no queda en la agenda o en el calendario se pierde y se lo lleva el viento. Programa cada actividad y asígnale el tiempo que requiere. No quieras hacer veinte cosas a la vez.
  1. Delega: Si tienes equipo de trabajo, elige muy bien las tareas que requieren tu intervención personal. Las demás, déjalas en manos de los colaboradores y programa en tu calendario el momento para la revisión. No cometas el error de anotarlo en un papelito porque seguro lo olvidarás.
  1. Filtra: Diseña tu estrategia para responder correos electrónicos y llamadas. Piensa bien a quién o a quienes siempre les responderás de inmediato; por ejemplo, los jefes o clientes muy importantes.
  1. Tiempo para llamar y revisar: Aunque no lo creas, es sano cerrar el e-mail y silenciar el teléfono por un rato. Programa en tu agenda ese momento del día en que llamarás a todos tus clientes o socios de negocio importantes, pregúntales qué plan hay para el día o la semana. Anticiparte ayudará a organizar mejor tus acciones. De igual forma, dedica solo ciertos momentos a revisar la bandeja de correo.
  1. Cumple con el programa: Nunca va a faltar el bomberazo y la junta inesperada, pero entre más te asegures de cumplir con el programa, con disciplina férrea, mejor resultará tu propia experiencia de trabajo. Si ya estás en el mejor lugar para trabajar, que sea una realidad para tu vida.
  1. Descansa: Programa un par de pausas activas en la mañana y por la tarde. Te relajarán y ayudarán a que mantengas buenos niveles de energía, concentración y efectividad.
  1. Cumple y completa: Casi todo lo que requiere una solución rápida se puede completar en horas o un día, máximo 2. No dejes que pase de ahí

Fuente: Amedirh