Visítanos en: www.amedirh.com.mx 25 dores de las empresas participantes habría padecido burnout y un 31% señalaba que el ambiente de trabajo le producía ansiedad. Pero las organizaciones mexicanas no se han quedado cruzadas de brazos. De hecho, han respondido fortaleciendo sus programas desde la perspectiva de Recursos Humanos, Seguridad Industrial e Higiene, Servicios Médicos, e incluso, Compensación y Beneficios. Sin embargo, todavía es posible observar que estas iniciativas en ocasiones marchan de forma independiente y con una fuerte necesidad de interconexión e integración. Al operar de forma aislada y a falta de un modelo de gobernanza capaz de articular sus objetivos con los del negocio, la gestión del bienestar puede mantenerse fragmentada, dispersa y con un impacto difícil de ser sometido al escrutinio de las mediciones de avances y el retorno de inversión; rasgo indispensable para verificar la efectividad. Considerando lo anterior, ¿valdría la pena evolucionar hacia un modelo distinto? ¿Podría y debería el bienestar ser gobernado desde la estructura directiva, mediante la incorporación de una posición ejecutiva de nivel C-Suite? El Chief Wellbeing Officer (CWO) La responsabilidad principal del líder del bienestar consiste en diseñar y conducir una estrategia integral capaz de fortalecer la capacidad física, cognitiva o mental y psicosocial de las personas para generar resultados de manera sostenible a lo largo del tiempo. Por tanto, la creación de esta posición debe responder a una lógica empresarial con enfoque humanista. Al ser responsable del diseño de una arquitectura formal del bienestar, este perfil ejecutivo tendría la obligación primordial de basarse en evidencia, analítica de personas y gestión de riesgos humanos. ENFOQUE DE NEGOCIOS Como resultado de su gestión se esperaría que integre las iniciativas dispersas (se sabe que hay empresas donde son abundantes), bajo un modelo de gobernanza con indicadores estratégicos y métodos de evaluación permanente de los factores de riesgo. Asimismo, estaría a cargo de rendir cuentas de la inversión realizada y su impacto en la productividad. La incorporación del Chief Wellbeing Officer permitiría desarrollar un sistema de indicadores del bienestar correlacionados con resultados de negocio. Así, la empresa tendría los medios para medir el impacto de toda iniciativa con aspectos como la rotación voluntaria, la permanencia del talento clave, el nivel de compromiso, ausentismo, accidentabilidad o siniestralidad, productividad y continuidad operativa. La gestión del bienestar dejaría de evaluarse de forma cualitativa o descriptiva a través del número de actividades realizadas o el número de colaboradores que participan en ella; datos que si bien orientan al principio de la ejecución, no permiten tomar decisiones de peso a mediano y largo plazos. Otra aportación de valor que emanaría del liderazgo del bienestar consiste en el aumento de la capacidad de la organización para cumplir con criterios ambientales, sociales y de gobierno corporativo que hoy son relevantes en la reputación corporativa (ESG). Además, permitiría consolidar la gestión de riesgos humanos, lo que brindaría un elemento diferenciador en el mercado. Un estratega que incluye a todos Pero quien lidere la gestión del bienestar tiene un campo más amplio hacia el frente. Nos referimos a que uno de sus principales atributos consiste en el poder para reconocer que el bienestar tiene diversas expresiones y que se conceptualiza de forma distinta en cada segmento de personas en la organización: ejecutivos clave, gerentes y operadores.
RkJQdWJsaXNoZXIy MTI3NTM=